Vivo rodeada de mentirosos, que dicen ser lo que no son, que hacen cosas que resulta que si han hecho. Donde nunca puedes saber si lo que dicen es otra mentira más, o si es alguna verdad. Donde no puedes creer a dos personas, porque las dos dicen lo contrario, sino tienes que ponerte de parte de una de las dos para poder seguir haciendo tu vida, pero te arriesgas a que la otra persona sea la que resulte decir la verdad.
Donde el orgullo vence junto con la cobardia, y el valor se esconde detrás de estos dos.
Nadie se atreve a sacar al valor, que anda escondido, a la espera de que alguien lo busque y lo saque de donde quiera que este.
Hay días en los que estoy feliz, apesar de vivir en donde vivo, apesar de mi situación y apesar de todo; sonrio, río alto sin importarme que el mundo me oíga, grito para ocultar las pequeñas voces que surgen de mi corazón, y hablo para no pensar.
Pero hay otros, en los que el peso de lo que llevo sobre los hombros se me viene todo abajo de golpe, haciéndome que sea imposible continuar mi camino, y que tenga que parar a descansar, sin saber si podré volver a retomar lo empezado, sin saber si esta vez será cuando me sea imposible volver a levantarme del suelo nuevamente.
Hay personas que tienen tanta suerte de ser normales, y no se dan ni cuenta de la suerte que tienen. No son consientes de todo lo que tienen, y lo poco que yo poseo, de lo rápido que puedo perder todo lo poco que tiene algún valor para mí, de lo rápido que todo se pueda volver a venir abajo, y que vuelva a mi estado anterior.
Un simple error, un paso en falso en el lugar equivocado, y todos los muros que he construido en mi nueva y perfecta vida, se vendrán abajo como una pila de libros mal colocados.
Mi vida es como el ajedrez, un solo error, el mínimo despiste.
Y Jaque Mate.
El juego a terminado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario