sábado, 12 de julio de 2014

Enamórate, dicen

Enamórate, dicen.
¿Para qué?
¿Para acabar con un corazón roto?
¿Para acabar creyéndote falsas ilusiones y hacerte en tu cabeza tu propia historia?
No pasará nada, dicen.
¿Mi corazón no se destrozará?
¿No acabaré echa un mar de lágrimas?
Sientes mariposas en el estómago, dicen.
¿Y también sientes ganas de vomitar, no?
Yo no. Ahora voy por libre. La vida es muy corta.
Pero no sufráis, tengo a Will Herondale, a Shuusei Kugayama, a Percy Jackson, a Dorian Havilliard, a Augustus Waters, a Kirtash, a Rudy Stainer, a Maxon...
Sé que ellos nunca me defraudaran.

Se acabó el juego

En ese diminuto momento te das cuenta de que tienes que mirar a la cara a la vida.
No llores.
No te escondas.
No te lamentes.
¿De qué sirve llorar?
¿De qué sirve esconderse?
¿De qué sirve lamentarse?
Por las noches las pesadillas me atormentan, no consigo dormir y doy vueltas y vueltas hasta acabar a un paso de asfixiarme con las sábanas y mantas.
No más.
No más.
Se acabó el juego.