Es mejor no confiar en nadie, porque te decepcionan.
Las personas son falsas, mienten, tienen dos caras, nunca te fies de una persona por mucho que la conozcas, siempre acaban traicionandote, y luego serás tú quién tengas que huir para salvar tu pequeño corazón.
De decepciones va la cosa, ya no me espero nada de nadie, ahora, simplemente miro, me decepciono, y me voy sin decir una palabra, ya no replico, ya no digo que no es justo, ya no le grito a la vida, exigiéndole explicaciones.
Ya me cansé.
Porque mi paciencia tiene un límite.
Porque cuando solamente hay decepciones, te acabas acostumbrando a ellas.
Porque, a veces, no queda más remedio que mirar a la realidad a los ojos, y sonreirle como una buena amiga.
Porque con tantas decepciones cada día se me quitan las ganas de seguir luchando, le digo a todo el mundo que estoy bien, le digo a todos que sigan adelante con sus problemas absurdos, que no se ahoguen en su pequeño vaso de agua que han montado ellos solos, mientras yo me desmorono, como si me estuviese hundiendo en arenas movidizas, mientras yo a veces solo quiero gritar que no estoy bien, que tantas decepciones, tanta gente falsa, tantas cosas malas, solo hacen que quiera llorar, que no tengo ganas de sonreír.
Pero a pesar de todo, sonrio, rio y animo a todos.
Mientras yo me hundo.
Mientras yo lloro todas las noches.
Mientras las barreras que he construido a mi alrededor se derrumban.

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